DOMINGO 27 DEL TIEMPO ORDINARIO

Domingo, Octubre 8, 2017

Isaías 5,1-7      Salmo 79      Filipenses 4,6-9      Mateo 21,33-43

 

Al hombre de campo le es muy común  entender su vida y el plan de Dios desde su labor agrícola. No es extraño entonces que la sagrada escritura cuando se refiere a la relación de Dios con su pueblo, tenga como referencia los cultivos, las flores, los frutos y las viñas.

El esfuerzo que exigía de parte de toda la familia arar la tierra, sembrarla, estar muy pendiente del crecimiento de los frutos para que ninguna plaga, ni menos los animales silvestres los destruyeran o consumieran, para al fin, recoger la cosecha,constituía para toda la familia y los vecinos momentos de fiesta y solidaridad por lo frutos recibidos de Dios; cosecha que mantendría a la familia unida con trabajo, alimento y con lo necesario para cumplir sus obligaciones fiscales.

También sucedían los casos terribles en que el esfuerzo era en vano. Aún creando todas las condiciones necesarias para que lo cultivado diera fruto, las plagas y las sequias terminaban acabando la siembra. El fracaso traía mucha frustración, descalabros económicos e imposibilidad de pagar los impuestos, de tal manera que algunos de los miembros de la familia para honrar las deudas se convertían en esclavos, mientras que otros para subsistir tenían que mendigar o prostituirse. La pregunta del poema de Isaías que leímos hoy era muy pertinente y aplicable a la vida: " ¿Qué cabía hacer por mi viña que yo no haya hecho? ¿Por qué esperando uvas, dio frutos amargos?"(Is 5,4)

El Señor Jesús añade al ejemplo de la viña otro elemento:lo que hicieron los labradores con el hijo del dueño de la viña: " Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia" (Mt 21,39). El cuestionamiento de Jesús va en consonancia con la denuncia de los profetas del antiguo testamento; realmente Dios ha sido bueno con Israel, como  "el hacendado que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar; edificó una torre" (Mt 21,33). Pero los hijos de Israel, como la viña que no dio frutos, acabaron con los profetas y también con el enviado por el Dueño de la viña, Jesucristo su hijo amado.

El Señor cuenta con nosotros para que demos frutos adecuados; Él mismo nos ha cultivado, sembrando en nosotros lo mejor de Él. Podemos endurecer el corazón, rechazándolo y desaprovechando todas las oportunidades que nos da o tomar la decisión de aceptar en nosotros "todo lo que hay de verdadero, de noble, de justo, de limpio, de amable, de laudable, de virtuoso y de encomiable" (Fil 4,8)  Ojala siempre el Dios de la paz nos permita ver todo lo bueno que ha sembrado en nosotros y en los hermanos.

 

Padre Ramón 

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