SOLEMNIDAD DEL BAUTISMO DEL SEÑOR

Lunes, Enero 8, 2018

Isaías 55,1-11.    Isaías 12.     1 Juan 5, 1-9.       Marcos 1,7-11.

 

“Porque mis planes no son como vuestros planes, ni vuestros caminos como los míos” ( Is 55,8). Esta frase de Isaías nos llamará a lo largo de la vida a ser cautos y prudentes, a estar alertas y a escrutar siempre cuáles son los planes de Dios, cuáles son sus designios sobre el mundo y sobre nuestra vida; sobre todo cuando lo que pensamos no sale como lo esperábamos, pueden surgir en nosotros profundos malestares que nos llevan a la tristeza, a la frustración y al alejamiento de Dios.

Lección acerca de saber cuáles son los planes de Dios y cuáles son nuestros límites nos la da en el evangelio el testimonio de Juan el Bautista: “Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno ni de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias” (Mc 1,7). El éxito siempre nos lo dará hacer lo que Dios nos propone como tarea y misión. Tal vez, Dios se sirve de un fracaso - ¡no nos lo envía! -, para encausar nuestra vida en sus designios de salvación. En cualquier situación podemos descubrir a Dios y su amor hacia nosotros, porque aquel que confía en el Señor posee la fuerza del Espíritu para descubrir el plan salvador de Dios en todo: “¿quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”(1 Jn 5,5).

Al celebrar la fiesta del bautismo del Señor afianzamos nuestra fe y confianza en el plan salvador de Dios y en la certeza de que Jesucristo es el que va a llevar a plenitud los designios salvadores del Padre del cielo: “Tu eres mi hijo amado, en ti me complazco” (Mc 1,11). La escena del evangelio de hoy nos muestra que no hay duda en la centralidad de Jesús en la historia de salvación; Él va a enseñarnos cómo entender la vida y todo lo que ella nos trae, como acontecimiento oportuno de gracias y bendición.

Somos bautizados; también sobre nosotros ha descendido el Espíritu del Señor haciéndonos inmerecidamente hijos de Dios; es esta  Gracia Divina la que nos ayuda a no someternos a las fuerzas del mal. Hemos nacido de Dios, y por eso nunca un hijo de Dios permite que le roben la fe, la esperanza y el amor.

 

Padre Ramón 

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    Isaías 52,13-53,12       Salmo 31      Hebreos 4,14-16;5,7-9     Juan 18,1-19,42

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