Anteriores Homilias

  • Domingo, Septiembre 17, 2017

    "Si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor" (Rom 14,8) ¿Qué significa proclamar en el día del Señor esta frase de la carta a los Romanos? Pues que  lo primero, último y definitivo de  nuestra vida  se nutre de la relación que tengamos con Dios. Frente a nuestras reacciones primarias que delatan nuestra pobre y débil humanidad, frente  a nuestra sed de poder, venganza y placer, las cuales acaparan gran parte de nuestra existencia, se puede vivir en Dios de una manera diferente y sobrenatural.

  • Domingo, Septiembre 10, 2017

     

    Ezequiel 33,7-9          Salmo 94        Romanos13,8-10       Mateo 18, 15-20

     

    Resuene poderosamente en nuestro corazón  la respuesta del salmo 94:“Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: no endurezcáis vuestro corazón”.Habitualmente se emplea este salmo en la oración de laudes para pedirle continuamente a Dios que Su Palabra amase nuestro corazón soberbio y orgulloso, sobre todo cuando el Señor nos invita a pensar en la debilidad del hermano.

  • Domingo, Septiembre 03, 2017

    Jeremías 20,7-9     Salmo 63     Romanos 12,1-2      Mateo 16, 21-27

     

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  • DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO

    Domingo, Septiembre 24, 2017

    Isaías 55,6-9       Salmo 144       Filipenses 1,20c-24.27a      Mateo 20,1-16

     

    Si frente a nuestra vida Dios nos dijera hoy: "Toma lo tuyo y vete. Si yo quiero dar a este último lo mismo que a ti… ¿O es que tienes envidia porque yo soy bueno? (Mt 20,14) ¿Cuál sería nuestra reacción? tal vez: "¡es injusto Dios conmigo! ¿Por qué si el otro no es tan bueno como yo, le va a dar igual que a mí?"  En el mundo de la competencia y de los resultados solo vale ganar o perder, el empate no gusta mucho porque se sigue la idea de que sólo uno debe tener la gloria de coronarse como el primero y el único. El que llega tarde, pierde.

    El planteamiento de Jesús acerca del Reino de Su Padre parte de un postulado central: Dios es bueno. Cualquieras sean las circunstancias históricas, los acontecimientos de la vida, las situaciones de victoria o fracaso en las diferentes "horas" de la existencia, Dios reacciona y actúa siempre con bondad: "El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus creaturas " (S 144,9). Esto quiere decir que nunca el Señor juega perversamente con su creatura, ni menos ajusticia a nadie por sus maldades. Aunque pareciera que algunos desean presentar a un Dios indignado por los pecados de la humanidad, un Dios que envía: guerra, hambre, epidemias y deformaciones, realmente nuestro Dios no es así. Dios, nuestro Padre,  es rico en perdón y rico en misericordia.

    Sin embargo ante ese torrente de amor y bondad divino, se interpone siempre la fuerza del mal, que aparentemente trastoca todo con la tragedia y la muerte. Es la experiencia de tantos hombres y mujeres a las que se les comete injusticia, que experimentan circunstancias extremas de dolor y miseria. Como si el plan macabro del pecado y de la muerte tuvieran todas las de ganar frente a nuestra pobre humanidad. En ese instante surge la pregunta: ¿qué pasa con Dios?, ¿por qué calla?; realmente se experimenta un intenso y profundo silencio. Un silencio vital y necesario, un silencio para poder experimentar a Dios; a ese Dios que desde nuestro interior y lo profundo de nuestro corazón nos aborda con Su respuesta: " Porque mis planes no son como vuestros planes, ni vuestros caminos como los míos...Cuanto dista el cielo de la tierra, así mis caminos de los vuestros, mis planes de vuestros planes" (Is 55,9)

    Solamente al mirar atrás nos daremos cuenta lo bueno que fue Dios con nosotros y cómo actuó con bondad, cuando tontamente pensamos que no nos ayudó. Qué maravilloso y solidario fue con cada uno de nosotros, aun cuando nos sentíamos solos y desvalidos. Solamente en el encuentro definitivo con Dios, confirmaremos lo perfecto y adecuado de su plan de salvación para toda la humanidad, ya que en Cristo, Señor y juez de la historia, se revelará toda Verdad, y con ella,  la confirmación plena y eterna de la bondad de Dios para con todos: "Porque para mí la vida es Cristo, y morir significa una ganancia" (Fil 1,21)

     

    Padre Ramón