XIII Domingo del Tiempo ordinario - Ciclo C

Lunes, Julio 1, 2019

Durante los últimos domingos, la Palabra de Dios nos ha permitido dar respuesta a algunos interrogantes importantes para la construcción de nuestra vida, para descubrir el verdadero sentido de nuestra existencia. Lo mismo ocurre en este décimo tercer domingo cuando los textos que hemos escuchado centran su atención en un interrogante: ¿Qué significa ser libre? ¿Para qué sirve la libertad?. No es un cuestionamiento filosófico o una pregunta por la existencia; se trata de un cuestionamiento por la forma cómo los cristianos católicos la integramos al camino que nos conduce a la felicidad.

Vemos que en el mundo contemporáneo la referencia a la libertad se ha convertido en un principio definitivo en la construcción de la persona y la sociedad, y eso está bien porque de ninguna manera puede haber personas, instituciones o Estados que puedan atreverse a coartar la libertad, obligando a los seres humanos a actuar o pensar en contra de sus creencias y convicciones.

Sin embargo, enarbolando la bandera de la libertad, se han justificado y cometido muchas atrocidades que van contra la dignidad de la persona humana: abortos, eutanasia, drogadicción, masacres, asesinatos, violaciones, etc, aparecen como resultado de la defensa de tal libertad que es concebida como la posibilidad de hacer “lo que le plazca”, “lo que se quiera” sin tener en cuenta la referencia a las personas ni a las instituciones. Será necesario reafirmar que el adecuado ejercicio de la libertad, desde nuestra perspectiva, debe tener en cuenta al otro y a las instituciones dentro de las cuales éste se desarrolla y realiza como persona; sin olvidar que el horizonte de la misma no se encuentra en nosotros mismos, sino en la identificación con la Persona de Cristo, imagen y modelo de la verdadera y auténtica libertad. Es en este sentido como entendemos el mensaje de San Pablo a los Gálatas: “Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado” (Ga 5,1). La libertad del cristiano encuentra su referencia en Cristo, en la elección que los hombres y mujeres de fe han hecho al creer en el mensaje del Señor, en su forma de vivir y comprender el mundo. De la misma forma que Jesús, lleno del Espíritu Santo, vivió y actuó libremente aceptando la voluntad de su padre enseñándonos el camino para alcanzar la felicidad, también el cristiano católico, fiel a sus principios y valores, toma sus decisiones siguiendo el mensaje y ejemplo del maestro. Un ejemplo de esto lo encontramos en el evangelio de hoy cuando Jesús, al pasar por una aldea de Samaría, camino a Jerusalén y no es recibido, opta por salir de allí sin castigar a los aldeanos (mandarles fuego). Desde la óptica cristiana católica, un ser humano libre, es como Jesucristo, no se deja influenciar por los afectos e inclinaciones; actúa, como lo hemos dicho, según los principios y valores que ha aprendido, asumido y apropiado en su vida.

 

Ahondando en este planteamiento, también en el evangelio de Lucas que hemos escuchado en este domingo encontramos tres ejemplos en el cual Jesús nos muestra cómo se puede ser verdaderamente libre. Tres personas se le acercan a Jesús intentando construir un seguimiento libre del maestro desde sus propias visiones y comprensiones. Jesucristo, quien vive a plenitud la libertad de Dios, les recuerda que no hay verdadera libertad si se busca solamente la estabilidad que da protección: “Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Lc9, 58). En el segundo ejemplo, Jesús muestra como tampoco se puede ser libre si se tiene una dependencia extrema de los familiares: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete anunciar el reino” (Lc9,60). Con el tercer ejemplo, Jesús nos muestra como no se puede ser libre sin dejar atrás los recuerdos del pasado no nos hacen daño: “El que echa mano al arado sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios” (Lc9,62). Sin lugar a duda, la riqueza del mensaje que el Señor nos ha dado en este domingo es claro. Lo dicho nos permite evidenciar la necesidad de la oración en la cual, desde lo más profundo del corazón, agradecemos al Padre por el Espíritu que nos ha enviado, Espíritu que nos ilumina, orienta y guía en la toma de decisiones. La oración también nos permitirá confrontar nuestros actos con el plan amoroso de Dios que nos invita a vivir libremente aceptando la propuesta del reino que Jesús nos hace.

Que el Señor nos ayude a orientar nuestras decisiones para beneficio de los demás, poniendo nuestros dones y capacidades al servicio de los más necesitados. Este es el verdadero sentido de la libertad.

-Padre Ramón Zambrano-

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