XIV Domingo del Tiempo ordinario - Ciclo C

Domingo, Julio 7, 2019

En el mundo empresarial es definitivo posicionar en los consumidores el tema de la marca. La marca no solo es el logotipo con el cual se identifica un producto o serie de productos, ella misma quiere significar todo lo que es la empresa. Al parecer, una de las mayores preocupaciones de las empresas y organizaciones insertas en esta devastadora sociedad de mercado y consumo es “el posicionamiento de la marca”. Anualmente las empresas destinan un porcentaje considerable de su presupuesto en mercadeo y publicidad intentando posicionar y fortalecer la marca de tal forma que los consumidores llegan a reconocerla e integrarla a su vida hasta llegar a creer que al “elegir” dichamarca se alcanza “la salvación”, la felicidad.

Lamentablemente quienes tienen estas consideraciones, y quienes asumen estas actitudes ante el consumismo constatan que la marca no es suficiente ni necesaria para alcanzar la felicidad. Constatamos que no puede haber un mundo sostenible, equitativo y feliz con los efectos devastadores del consumo deshumanizado e irracional. Cada vez son más los pobres y personas infelices porque no pueden vivir de la marca; y solo un selecto e inhumano grupo de “afortunados” viven esclavos de la marca, de las etiquetas; tal vez convencidos que son ellos los únicos con derecho a vivir en un mundo donde las apariencias y etiquetas determinan su actuar y su vivir.

¿Qué puede decirnos el evangelio de hoy ante la situación que hemos descrito?. En este domingo Jesús da a sus discípulos una misión concreta acompañada de una advertencia: “¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos” (Lc 10,3). ¿Cuál era la marca, la impronta, el signo que acompañaba a estos hombres en el cumplimiento de la misión encomendada?. En qué o en quién basaron su confianza para mostrar el Reino de Dios a los hombres y mujeres que encontraron en el camino?. La respuesta es clara y evidente: ¡la única marca, el distintivo, el signo visible que los acompañaba era “dar testimonio del maestro”, del amor, la caridad, la fraternidad, el servicio, la solidaridad, la compasión que habían aprendido y que llevarían en su mente y en su corazón por toda la vida.

La marca del Cristiano, del católico, la hemos recibido en el bautismo y quien en verdad hace viva esta forma de ser no se deja atrapar por los afanes del mundo, por la tentación de creer que no se puede subsistir sin las seguridades que este ofrece: “No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias” (Lc 10,4). El que se ha dejado traspasar por la marca del Señor tiene claro que va a entregar a todos la paz que solo viene de Dios; no se deja enredar por rencores, disgustos y discordias: “Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa” (Lc 10,5). Pero sobre todo, el discípulo de Jesús, es decir el que lleva en sí la marca de Jesucristo, es una persona sencilla, cálida, amable; su presencia en medio de los otros es para servir, curar y dar esperanza: “ ... comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decir: Está cerca de vosotros el Reino de Dios”(Lc 10,9). Jesús fue el ungido del Padre y con su sacrificio en la cruz nos ha marcado desde el día de nuestro bautismo para vivir en el mundo de una manera novedosa y distinta. Con la gracia del Espíritu Santo podemos construir una sociedad diferente en la cual las apariencias, las marcas efímeras el consumismo no sean el centro ni la razón de vivir de los seres humanos. Solo relacionándonos con los demás con los mismos sentimientos de Jesús podremos vencer el señorío del mal que se desploma y pierde sentido por la fuerza, por la marca de la buena noticia de Jesús que permaneciendo en nuestro corazón se hace realidad en medio de todos aquellos con quienes compartimos la vida.

-Padre Ramón Zambrano-

Anteriores Homilias

  • Viernes, Diciembre 13, 2019

    Queridos hermanos. Como comunidad cristiana católica nos reunimos hoy para celebrar el tercer domingo de adviento. Como los dos domingos anteriores, con la fe y la confianza puesta en Dios, encendemos ahora la tercera velita de la corona de adviento y ponemos nuestra esperanza en el buen Dios que nos guía con su palabra hacia el encuentro con el niño de Belén.

  • Viernes, Diciembre 06, 2019

    La celebración que nos convoca hoy es muy, muy especial, es la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Esta celebración es de especial aprecio y agrado para todos aquellos que reconocemos en María a la Madre del salvador, a aquella mujer que intercede por nosotros ante su hijo, ante el padre.

  • Viernes, Noviembre 29, 2019

    Como lo habíamos recordado el pasado domingo cuando dábamos por terminado el año litúrgico con la celebración de la fiesta de Cristo rey; hoy iniciamos el nuevo año litúrgico con el domingo de adviento. A partir de hoy y durante estas cuatro semanas nos vamos a detener a reflexionar y a orar en una dimensión muy hermosa y profunda de nuestra fe: la alegre espera, la certeza que el que viene, el niño de Belén, llegará para salvarnos, para sembrar en nuestra vida el amor y la ternura propias de nuestro Dios.

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