XIX Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A

Sábado, Agosto 8, 2020

Vivimos en el "imperio del ruido y las emociones"; casi podríamos afirmar que si lo que nos llega no es estruendoso, no nos hace llorar o sentir euforia de manera inmediata, no es válido, ni aceptable, ni convincente. Por eso las lecturas de hoy son muy interesantes, sobre todo para aquellos que están en la búsqueda de Dios y quisieran encontrar sentido a la vida.

El Señor siempre quiere salir a nuestro encuentro quiere estar con nosotros: "Sal y quédate de pie ante mí en la montaña. ¡El Señor va a pasar!" (1R 19, 9b). El subir a la montaña, pasar la noche en vela, adentrarse en el lago o caminar hacia el desierto, eran recursos muy importantes que el hombre de la biblia tenía para crear el ambiente de silencio que le permitiera descubrir al Dios que habita en lo profundo de su vida: "Al fuego siguió un ligero susurro. Elías, al oírlo, se cubrió el rostro con su manto." (1 R 19 12b-13).

En todos los evangelios quedó registrada la experiencia de intimidad de Jesucristo con su Padre del cielo: "...subió al monte para orar a solas. Al llegar la noche, estaba allí solo" (Mt 14,23). Muchos encuentros con su Padre llevaron al Señor a dejar ver lo amoroso y bondadoso que era Dios, y a sus discípulos, comprender cómo la fe tiene un poder transformador.

El relato del evangelio de hoy deja ver cómo la vida de los discípulos de Jesús es como una barca sacudida por las olas; los obstáculos y adversidades son permanentes "porque el viento era contrario" (Mt 14,24). El creyente que tiene puesta su fe en el Señor experimenta que, frente a las tribulaciones de la vida que intentan inundarlo, el Señor con su gracia y amor no lo abandona: " Al final ya de la noche, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago" (Mt 14,25). Frente a la fuerza impetuosa de las dificultades, es difícil pensar con tranquilidad; la realidad y las circunstancias atemorizan y hacen perder la esperanza; sin embargo, siempre el Señor Jesús dirá: "!Ánimo; Soy yo, no temáis¡ " (Mt 14,27).

Como al apóstol Pedro en este relato del evangelio del domingo, podemos tener momentos en que sentimos que con Dios se puede superar cualquier dificultad. Pero al recordar nuestras fragilidades y pecados, y lo violento de los avatares de la vida, volvernos a hundirnos. Más de una vez tendremos que gritar como Pedro: "Señor sálvame" (Mt 14,30) y experimentar a Jesús que nos tiende la mano, nos agarra para que no sucumbamos.

Esta es la experiencia que se hace en el silencio del corazón: Dios siempre está con nosotros; frente a su grandeza y fidelidad, nos damos cuenta de la poca fe que tenemos. Con Él en nuestra barca, todo se podrá, porque el encuentro con Él nos hará confesar como proclamaron los discípulos del evangelio de hoy: "verdaderamente, eres Hijo de Dios" (Mt14,33).

-Padre Ramón Zambrano-

Anteriores Homilias

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    “Pídeme lo que quieras, que yo te lo daré” (1 R 3,5). La Palabra de este domingo desarrolla una de las inquietudes más profundas y permanentes que habita el corazón humano ¿qué es lo más importante en la vida? ¿Qué es lo que verdaderamente me hace feliz?

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    “Así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi encargo” (Is 55,11). Una petición especial hacemos todos al Señor hoy con esta palabra que se ha proclamado: la gracia de que penetre poderosamente en nuestra vida; como la lluvia en la tierra, que empapa la semilla y la hace germinar.

  • Sábado, Julio 04, 2020

    La escena del evangelio de hoy nos presenta una contraposición entre la manera de presentar Jesús su propuesta de amor y su mensaje Salvador y la de los escribas y fariseos.

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