XX Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A

Domingo, Agosto 16, 2020

Dios se dejó ver, de una manera cercana, en primer lugar a un pueblo llamado Israel. Lo descubrieron presente en su naturaleza, en sus montañas.También estaba en su propio caminar como pueblo y en los acontecimientos que progresivamente iban viviendo. Es el pueblo Judío, que hace una lectura de fe de su vida, quien descubre a Dios caminando con ellos; es la fe en YAVEH que les permite fortalecer su identidad, su cultura y tradiciones frente a tantos pueblos y situaciones que ofrecían dioses falsos y ataques frontales a sus costumbres: "Guardad el derecho, actuad con rectitud, pues ya llega mi salvación" (Is 56,1).

No es que Israel mirará con desagrado al extranjero, lo que sucedía era que la alianza con Yaveh constituía la decisión de construir su vida desde la fe en el Dios revelado, y el cuidado para que nadie que no lo conociera "contaminará esa relación Dios-pueblo". Pero aunque esta prevención hacia el extranjero llegó a ser en algunas tradiciones judías la imposibilidad de acceder al Dios verdadero, en otras tradiciones se abrió la puerta para posibilitar las bendiciones del Señor: "Y a los extranjeros que deciden unirse y servir al Señor, que se entreguen a su amor y a su servicio...los llevaré a mi monte santo y haré que se alegren en mi casa de oración" (Is 56,6).

En el evangelio de hoy Jesucristo tiene un encuentro con una mujer extranjera; no se puede desconocer que el evangelio es fiel heredero de la incomprensión que se enía de alguien que no es del pueblo de la alianza. Sin embargo la gran fe que manifiesta esta mujer en Jesús, expresa que es del tipo de extranjero que quiere acoger a Dios en su vida y cree en el poder salvador del Señor: "Pero ella fue, se postró ante Jesús y le suplicó¡Señor, socórreme! (Mt 15,25).

Como Jesús, tenemos que recorrer no solo las cómodas áreas donde se profesa la fe en el Señor, sino también tener la audacia y valentía que pide ahora el Papa Francisco para emprender un caminar hacia los que hoy son los "extranjeros", porque la fe, la esperanza, la caridad les son extrañas. Viven, como también lo afirma el Papa "en las periferias existenciales"; desconocen a Dios y desconocen a los hermanos; desconocimiento que es fruto del profundo desconocimiento de sí mismos.

"Señor sálvame" (Mt 14,30) y experimentar a Jesús que nos tiende la mano, nos agarra para que no sucumbamos. Esta es la experiencia que se hace en el silencio del corazón: Dios siempre está con nosotros; frente a su grandeza y fidelidad, nos damos cuenta de la poca fe que tenemos. Con Él en nuestra barca, todo se podrá, porque el encuentro con Él nos hará confesar como proclamaron los discípulos del evangelio de hoy: "verdaderamente, eres Hijo de Dios" (Mt14,33).

-Padre Ramón Zambrano-

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